Poblado Himba

Cataratas Epupa, jueves, 17 de septiembre 2009

Diana a las seis y media y salida a las siete y media. Nos vamos en el camión a un Poblado Himba a unos 7-10 kms al norte. Nos acompaña una guía local himba y hemos comprado aceite, harina, azúcar moreno y algo mas para regalar al poblado en nuestra visita. La guía local les pide permiso para que vayamos a verlos. El pueblo esta vallado y dentro hay varias casas y una valla interior para el ganado. Hay un fuego sagrado delante de la casa del jefe que no se puede apagar nunca. No se puede pasar entre la cabaña del jefe y el fuego sagrado, digamos que porque se corta la comunicación con dios. El jefe no esta, hay dos de sus hijos, varias mujeres, adolescentes y niños. Les saludamos y les damos los regalos.

Las niñas llevan dos coletas hacia delante, menos las mellizas que solo llevan una, pero también hacia adelante. Cuando tienen el periodo ya se peinan hacia atrás y con varias coletas. Los chicos primero van rapados y luego llevan una coleta hacia atrás en medio del cráneo rapado. Las mujeres se cubren la piel con manteca y ocre y no se lavan nunca. Ponen una especie de incienso debajo de una falda para higienizarse. Podemos entrar en la casa del jefe y vemos el recipiente donde ponen el incienso y también perfuman el ambiente.

Como ganado hay vacas y ovejas. Una señora nos hace la demostración de como ordeñan las vacas. En el poblado hay muchas cacas de vaca.

Javi se enrolla muy bien con los niños y les hace volteretas. Ellos ríen contentos. Una de las niñas que tiene 9 años ya esta casada, pero hasta que no tenga el periodo no se unirá a su esposo. A los niños les hacen la circuncisión cuando llegan a la edad adulta y les rompen los cuatro incisivos centrales inferiores. A las niñas les rompen los dos incisivos centrales inferiores.

Al parecer proceden de tierras del sur de Sudan y Etiopía que probablemente se desplazaron en el s. XVI. Sus cuerpos altos y esbeltos así lo apuntan. Actualmente son seminomadas y su actividad principal es la ganadería de la que se encargan los hombres. Las mujeres permanecen más en los poblados y cuidan de las pequeñas plantaciones. También venden un poco de artesanía, pero más cara que en Opuwo.

Lo que es innegable es que los himba son elegantes, sobretodo las mujeres. Son altas, delgadas y sus movimientos son finos y acertados. Me ha gustado mucho una mujer que ha aparecido con un niño en jarras cuando ya llevábamos cierto tiempo por el poblado. Ha estado posando para nosotros como si fuera una modelo profesional, que belleza. Después cuando nosotros nos hemos ido al corral a ver animales, ella se ha puesto a recoger excrementos de vaca y ha seguido siendo elegante incluso con esta tarea. Los himba usan los excrementos para hacer el techo de las casas. Algunas casas estaban a medio hacer y solo tenían las maderas. Entre las maderas colocan los excrementos de vaca y dan uniformidad a la vivienda.

Volvemos al campamento y luego hacemos una caminata rio arriba, vemos algunas huertas de los himbas y una de un angoleño que tiene cinco hijos. El hombre es listo, esta en Namibia mientras sus hijos van a la escuela y así aprenden ingles. Luego piensa volver a Angola. Dice que en Namibia se trata mucho mejor a los pobres que en Angola. Su huerto tiene un diseño árabe, con canales de riego. El rio esta al lado, pero la tierra no parece fértil, más bien es arena. El Tiene plantados tomates, papayas, lechugas, batata dulce, moniatos, puerros, … Su mujer también trabaja en el campo.

Seguimos camino y vemos un Cocodrilo, le tiran una piedra y da un salto estrepitoso antes de saltar al agua. En esta ruta nos acompaña un perro que se ha encariñado con nosotros. Andamos un poco mas y llegamos a la zona de los Monos Velvet o Aterciopelados ( Cercopithekus Aethiops) y el perro nos los espanta, pero luego llegamos a otra zona donde hay un montón y los podemos fotografiar.

Mono Velvet o Aterciopelado ( Cercopithekus Aethiops)

Volvemos andando hasta el campamento, descansamos un poco antes de comer y vemos otro cocodrilo al lado del rio. Pasamos la tarde tranquilamente, tumbados, leyendo, paseando, volvemos a ver cocodrilos, esta vez al lado del campamento. Compramos collares en un mercadillo cercano donde venden artesanía, cuencos, almohadas y otros utensilios himba.

Cuencos y almohadas himba

Cenamos carne guisada acompañada de pasta y después de cenar vamos al bar del pueblo. Ya de lejos oímos la música. Un ambientazo impresionante. Hay himbas, hereros y alguna que otra etnia que no se definir. El bar es además supermercado. Llevamos nuestras tazas del campamento y compramos cervezas grandes que repartimos. Saludamos a uno de los hijos del jefe del poblado que hemos visitado esta mañana. Fuera en el porche hay dos mujeres himba, una de ellas lleva a su hijo en la espalda. La animamos a bailar. Ella nos mira, no sabe que hacer, pero parece que se muere de ganas de bailar. Finalmente deja el niño a su compañera y se lanza, pero lo hace tímidamente y no se acaba de dejar ir. Dentro del local hay una mesa de billar americano y no paran de jugar, no lo hacen mal. Nosotros vamos bailoteando. La gente también nos mira. Vemos al señor angoleño que hemos saludado y pasado por su huerto esta tarde. Resulta que vive al lado del bar y saca un par de sillas para él y su mujer al portal y charla un poco con nosotros.

Volvemos al campamento a dormir. Esta tarde han llegado unos franceses y llevan un camión muy moderno. Además tienen mesas para comer. Su guía parece Cocodrilo Dandee, lleva sombrero y machete australiano. Lupe y yo vamos a saludarlos para chafardear un poco.

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